Montevideo.- El alza de los precios, los vaivenes de la política, las temperaturas de hasta 40 grados, el diferendo ambientalista con Argentina, ¡hasta el fútbol!, todo lo echan a un lado los uruguayos cuando Momo toca a sus puertas. Los carnavales de Uruguay son los más largos del mundo -duran 40 días- y tienen tal poder de convocatoria que venden más entradas que todos los demás espectáculos culturales y deportivos juntos a lo largo del año. Pero no solo por eso son la mayor fiesta popular del país: apenas se apaga el eco del último tambor, comienzan los preparativos de los siguientes. Y conste que no es una exageración: son miles los que viven por, para y del carnaval. Los de este año comienzan hoy jueves 24 en la Avenida 18 de Julio, la más populosa de Montevideo, con el desfile de las 48 agrupaciones que competirán en el concurso oficial de los carnavales en las categorías de murgas, comparsas, parodistas, humoristas y revistas. En el bullicioso y colorido desfile también participan carrozas o carros alegóricos y las reinas de las fiestas, elegidas un par de días antes. El espectáculo, de unas cinco horas de duración, es presenciado in situ por unas cinco mil personas -si solo se cuentan las acomodadas en los palcos habilitados al efecto-, pero a través de la televisión también lo disfrutan buena parte de los restantes 3,4 millones de uruguayos. Una semana después -sin que las fiestas se detengan- tiene lugar en los barrios Sur y Palermo el Desfile de las Llamadas, considerado la máxima expresión de la comunidad de origen africano y en el que solo salen negros y lubolos (blancos caracterizados como negros). Todo febrero está consagrado al concurso oficial de agrupaciones, las que para acceder a los tablados del Teatro de Verano Ramón Collazo deberán vencer una "prueba de entrada" de la que solo están exentas las finalistas del año anterior. A diferencia de otros carnavales, caracterizados por sus desfiles callejeros, los de Uruguay están concebidos esencialmente como un gran festival de teatro al aire libre cuyo plato fuerte son las murgas. Sus integrantes -de 14 a 17- se hacen acompañar de una batería de bombo, platillos y redoblante, y entonan canciones y realizan cuadros basados por lo general en los hechos más notorios del año. Por las manifestaciones culturales que conjuga -teatro, música, canto, danza, artes plásticas- las murgas son un espectáculo mixto con un alto contenido de humor y sátira social y política. Se les considera "la voz del pueblo", lo que se puso especialmente de manifiesto durante los años de la dictadura militar (1973-1985), cuando ésta pudo silenciar a los medios convencionales de comunicación mediante una férrea censura de prensa, pero no acallar las murgas. Por su parte, las comparsas de negros y lubolos interpretan y bailan diversos ritmos musicales vinculados al candombe, ataviados con trajes típicos de la época colonial, cuando sus antecesores estuvieron sometidos a la más despiadada esclavitud. Aunque alcanzan su máximo esplendor en los desfiles callejeros, las comparsas también actúan en los tablados en grupos más pequeños que básicamente se hacen acompañar de tambores. Humoristas y parodistas compitieron en un tiempo en la misma categoría, pero después se independizaron. Combinando canto, baile y recitación, los primeros recrean situaciones y al llevarlas hasta al absurdo hacen desternillar de risa al público. Los parodistas suelen satirizar un hecho, persona, libro o película, incorporando figuras populares vinculadas con la actuación y la música. El género se ha convertido en uno de los más atractivos en el Teatro de Verano y hasta tiene sus hinchadas, como si fuese un equipo de fútbol. Las revistas, que en un tiempo declinaron por su frivolidad -puras luces y exaltación de la belleza femenina, al estilo de las revistas internacionales- , se renovaron en los 80 al incorporar contenidos sociales a cantos y bailes. Como los de otras latitudes, los carnavales uruguayos se nutren de ancestrales festividades europeas y africanas. Los de esta pequeña nación suramericanas tienen en las murgas y el candombe las máximas expresiones de uno y otro continente. Añejas crónicas cuentan que, mediado el siglo XIX, en especial durante Navidad y Año Nuevo, los negros esclavos vestían túnicas de colores chillones y recorrían las calles hasta desembocar en las murallas de la ciudad, a cuyo pie se les permitía entonar sus cánticos y ejecutar sus bailes. Pero como en otras latitudes, en éstas los amos blancos comenzaron a ser conquistados por los contagiosos ritmos y el espíritu carnavalesco, en un largo proceso de sincretismo cultural que cristalizó en las fiestas populares por excelencia de estas tierras. ag/asg *Corresponsal en Uruguay PL-46
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jueves, 24 de enero de 2008
Uruguay se va de carnaval
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CULTURA Uruguay
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9:23 p. m.
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