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lunes, 21 de enero de 2008

Lapataia: jazz y sonidos globales

Lapataia: jazz y sonidos globales

Los vietnamitas Nguyên Lê & Huong Thanh, la solidez de Candombe All Stars y el guitarrista brasileño Alessandro Penéis animaron el Festival de Jazz y Músicas del Mundo de Lapataia.

Alberto Mangone. / Autor: Andrés Cardinal

Ya lo ha dicho Hugo Fattoruso: en el Uruguay, el Rey es el Tambor. Desde la muerte del Príncipe Gustavo Pena y el exilio en Miami del Enzo Francéscoli, la nobleza uruguaya tiene en la princesa Laetitia D'Aremberg a su único (por ende máximo) exponente. Ella, una clásica figura esteña, es la flamante propietaria de Lapataia, un tambo cuya producción no se reduce a los productos lácteos. Desde hace más de una década, se realizan allí, en un paisaje paradisíaco, arquetípico de la plenillanura levemente ondulada que es la geografía del Uruguay, festivales de jazz de proyección internacional. La organización de la nueva etapa del festival está ahora en manos del productor Phillippe Pinet, y la propuesta se amplió, también, a las músicas del mundo.

La primera jornada, el jueves 17, incluyó la presentación del Juan Cruz de Urquiza Cuarteto y Escalandrum, el sexteto liderado por el baterista "Pipi" Piazzolla. El guitarrista y bandoneonista Nicolás Mora amenizó el intermedio acompañado por Andrés (bajo) y Martín (batería) Ibarburu.

Frente a menos público del esperado (y merecido), abrió la segunda velada el trío integrado por los vietnamitas Nguyên Lê (en guitarras y programaciones) y la cantante Huong Thanh, junto a Mieko Miyasaki, oriunda del Japón y ejecutora del koto, un instrumento de cuerdas tradicional de su país (suerte de lap steel rústica y XL). A partir de un repertorio de canciones folclóricas y cantos populares de su tierra, el trío construye una música atrapante y por momentos hipnótica, que conjuga cierto ascetismo oriental, referencias al budismo y coreografías practicadas por la cantante que recuerdan al tai-chi. Nguyên Lê es un sutil samurai de la guitarra, cuyo estilo etéreo y de avant-garde remite a Marc Ribot, Arto Lindsay o incluso Bill Frisell. Inicialmente, la combinación con la ejecución ortodoxa del koto, parece un juego de opuestos. Pero Miyasaki también es una rupturista en su instrumento, con un estilo a veces frenético y distorsionado. La pulcritud de esas músicas orientales se complementan con el paisaje sonoro de la naturaleza. Al caer la noche, los arpegios del koto y el canto místico de Houngh Thanh, entremezclados con el canto de los pájaros y el sonido de los insectos, crean una atmósfera mágica e inolvidable.

El cierre estuvo a cargo de Candombe All Stars, un equipo de los sueños de la música uruguaya, con lujosos refuerzos argentinos. La base del grupo es el Trío Uy, integrado por el pianista, compositor y arreglador Alberto Magnone,, junto al bajista Federico Righi (Rubén Rada, Fernando Cabrera) y el legendario baterista y percusionista Jorge Trasante (un hombre que después de grabar un disco histórico con Eduardo Mateo a mediados de los 70, emigró a Europa con Jaime Roos, recorrió el mundo con los Gipsy Kings y se instaló en París, donde tocó, entre otros, con el bajista Renaud García-Fons). La interacción de estos tres talentos es a la música popular uruguaya lo que el legendario Zimbo Trío es a la bossa nova. La conjunción del toque jazzístico de Magnone, con la ajustada interpretación de Righi y el toque sutil de Trasante (una especie de "Zurdo" Roizner uruguayo), redondea un producto exquisito.

Como si fueran piezas de un rompecabezas, el trío fue encastrando invitados hasta completar un cuadro excepcional. El primer refuerzo fue el siempre genial Hugo Fattoruso, en el acordeón, que se lució en el "Chorinho", de Magnone, y en la bella "Martina", de Righi. Desde Argentina, el trompetista Juan Cruz de Urquiza, se les unió para interpretar una preciosa versión de "Jacinta", el clásico de Mateo. Ramiro Flores, en el saxo tenor, y Gustavo Muzzo, en el alto, se lucieron con solos jazzísticos que sobrevolaron el ritmo del candombe. Pero si algo faltaba para completar el cuadro era la cuerda de tambores del "Lobo" Núñez. Probablemente, la mejor del Uruguay. Ya con formato big band, interpretaron "Opus candombe", una ajustada versión de la pieza compuesta por Enrique Pascual. Broche de oro para un programa a la altura de cualquier festival europeo.

El sábado, el pianista uruguayo Diego Goldsztein junto a su grupo (los hermanos Andrés y Martín Ibarburu y la cantante Sara Sabbah) mostró sus jewish standards. A partir del cancionero tradicional judío, Goldsztein (egresado de la Berklee College of Music), construye piezas que dialogan con la improvisación jazzísitica pero también con ritmos autóctonos de la Argentina y el Uruguay, como la chacarera y el candombe. Como invitado especial estuvo una vez más sobre el escenario de Lapataia, el saxofonista Ramiro Flores, también egresado de Berklee, que mostró su ductilidad musical acoplándose al cuarteto.

Pero probablemente la revelación del festival haya sido el dúo integrado por el guitarrista brasileño Alessandro Pennezzi junto a su compatriota Douglas Alonso, un percusionista excepcional. Pennezzi, un virtuoso de su instrumento, abordó piezas añejas del legendario Pixinguinha, rindió tributo a Baden Powell (con la emotiva "be-a-Baden"), recreó nuevos frevos propios (como el adrenalínico "Frevaricando") y viejos choros ajenos, con un estilo apabullante y, a la vez, sentimental.

El frío boicoteó, levemente, la fiesta que habían planificado para el cierre de esta etapa del festival en Lapataia. El Gallinero, un grupo de funk montevideano con Fede Navarro en la guitarra y las teclas de Nicolás Arnicho, se reforzó con invitados: una vez más Ramiro Flores, la cantante Deborah Dixon –llegada especialmente desde la Argentina- junto a la uruguaya Carmen Pi, recrearon clásicos del soul, el funk y la música disco. Con profesionalismo, mucha energía y una dosis de buen gusto, enfrentaron el frío que helaba los huesos e hicieron bailar a un puñado de valientes.

El cierre, de lujo, fue la noche del domingo en el Teatro Solís de Montevideo, con el quinteto de Dave Holland, que la noche anterior se había presentado en Buenos Aires.

Por Humphrey Inzillo

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